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domingo, 23 de noviembre de 2014

Cuanto más importante sea, menos probabilidades hay de que alguien lo haga por ti



En un ocasión leí que Lee Iaccoca les comentaba a sus directivos que, cuando uno de sus colaboradores no ejecutase una tarea asignada en la manera esperada, le hiciesen la siguiente pregunta:
Si tu vida dependiera de ello, ¿serías capaz de realizar esa tarea?
Si la respuesta era afirmativa, entonces la causa del resultado era la falta de motivación. Si la respuesta era negativa, la causa era la falta de formación.

Probablemente es un enfoque un demasiado simplificado, pero como en tantas cosas en la vida, la respuesta más sencilla es la más probable.

Parafraseando a Lee,
Si tu empleo dependiera de ello, ¿dejarías una tarea importante en manos de otra persona? 
Si la respuesta es afirmativa, es que no lo has pensado detenidamente.

Las tareas importantes, las que realmente marcan la diferencia y de las que depende tu ser o no ser, nadie las va a ejecutar mejor que tu. Nadie va a entrar en los detalles tanto como tu. Nadie, absolutamente nadie, se va a "poner en tus zapatos" y a "caminar por ti".

Si esperas que alguien venga con la "solución mágica" en el último momento, si confías en que alguien realizará esa tarea dura (que tan poco te gusta, pero que sólo a ti te corresponde hacer), si fías tu futuro a que los demás resuelvan los problemas, sinceramente, creo que más pronto que tarde descubrirás lo decepcionante que es el mundo real.

Todo lo anterior sólo pasa en las películas ... y cada vez menos ...

Pero, por contra, siempre tenemos la capacidad de tomar otra decisión: la de ponernos en pie y avanzar, en lugar de quedarnos sentado esperando. Siempre hay otra opción: como decía el sabio anónimo:
"Si ha de suceder, me toca a mi hacerlo posible"
Seguro que lo anterior ya lo sabes, pero nunca viene de más el recordar una de esas cosas que con cierta frecuencia, todos olvidamos.

Espero que te haya gustado el post. Si es así, como si es lo contrario, estaré encantado de saberlo.
Gracias por tu tiempo.




jueves, 25 de septiembre de 2014

Saber hacer un truco de magia no te convierte en mago.


Mi hijo es aficionado a la magia. A mi, me encanta ver sus trucos, y sobre todo, lo mucho que practica y el esfuerzo que pone antes de mostrar cada una de sus habilidades.

Hace poco me pidió que le acercase a una tienda de magia, donde poder adquirir material para un nuevo truco. Al llegar al establecimiento, el dependiente, junto con otro "parroquiano" apostado en el mostrador (de esos que jamás, a primera impresión, dirías que es mago ...), nos recibieron muy amablemente.

Mi hijo le pidió el material que necesitaba y, ante mi sorpresa, el dependiente le hizo un pequeño examen para ver si era merecedor de poder adquirir el material. El "parroquiano", además, intercalaba comentarios sobre lo difícil que había sido en sus tiempos adquirir el conocimiento: se desplazaba desde Cádiz a Madrid, cada fin de semana, para poder asistir a clases de magia.

Jamás había visto nada igual: un vendedor que examina a su cliente. 

De aquí saqué cinco conclusiones:

1.- Un mago no entrega sus secretos a cualquiera. Le han costado mucho aprenderlos, practicarlos y perfeccionarlos.

¿Porqué tendría que regalárselos a cualquiera que se lo pidiese? 

Esa, en el fondo, es la esencia de la magia: hacer algo que para otros es, sencillamente, inexplicable.

2.- Saber hacer un truco de magia, no te convierte en mago. Un truco lo puede hacer cualquiera. De hecho, se pueden comprar algunos muy impactantes .... pero es sólo eso: un truco comprado. 

Mago es el que hace magia, no el que hace trucos. Un trilero (esos del los tres cubiletes, y la bolita ....) hace "trucos", no magia.

3.- Un mago respeta a otro, que ya lo sea, o que se esfuerce por aprender su arte.

Es una cuestión de valores, no de título. Si no mereces su respeto, ni tan siquiera mereces su atención. Digas lo que digas que eres, tienes que demostrarlo.

4.- El que es un mago, lo es siempre, y le da lo mismo los medios que tenga a su alcance. 

Tanto el dependiente como el parroquiano (magos ambos) comentaban que les era indiferente si la baraja que utilizaban era nueva, y de excelente calidad, o "requeteusada". Ejecutaban los trucos con la misma pericia. 

El que sabe hacer algo, lo hace. Punto.

5.- A un mago le molesta el que alguien que "no es de los suyos" se atribuya su título. 


Al final, creo que todo el que pone pasión en lo que hace, tiene un poco (o un mucho) de mago, porque ...
  • ... hace sencillo lo que a otros les parece imposible. No le cuesta hacer lo que le apasiona. 
  • ... permanentemente, se esfuerza en llegar a dominar su arte, aún a sabiendas de que cada día aprenderá algo nuevo, lo cual, le empuja a seguir aprendiendo.
  • ... siente respeto por los que como él, se han esforzado por llegar y progresar.
  • ... su condición, su ser interior, le hace que siempre sea lo que es. No hay interruptor "On-Off" para la magia.
  • ... defiende lo que considera que es honesto y digno de su arte.
¿Lo ves así?¿O no? Cuéntanoslo, por favor, y déjanos saber tu valiosa opinión.

Gracias por tu tiempo. 


lunes, 18 de agosto de 2014

El último esfuerzo marca la diferencia

14 kilómetros corriendo. El objetivo está conseguido .... pero sería aún mejor si, tras terminar, hiciese una serie de abdominales (sí, de esas que duelen ...).

La presentación está lista. Llevo una semana preparándola. La he ensayado, todo está en su sitio ... pero sería aún mejor si le diese un último repaso antes de la reunión.

El informe está listo. Lo he revisado varias veces, he comprobado las cifras, no parece que sobre ni que falte nada ... pero sería aún mejor si le diese una última lectura con los ojos del jefe, o los del jefe del jefe, por si algo se me ha escapado.

Lo has pillado: ese último esfuerzo, ensayo, revisión ... marca la diferencia. 

Es justo lo contrario a lo que nos explicaron (recuérdalo) la primera vez que vimos el principio de Pareto: el 20% de tus esfuerzos te harán conseguir el 80% de los resultados.

Eso es así, y es cierto, SALVO cuando lo que quieras hacer es destacar de verdad. Ese 5% de esfuerzo final, que en pocas ocasiones hacemos, es lo que va a hacer que el 95% restante brille de una manera excepcional.

Si quieres resultados eficientes (resultados esperados, empleando los recursos mínimos), apúntate al principio de Pareto. No te va a ir nada mal. Seguro.

Si quieres marcar la diferencia, apúntate a la ley del 5% final: ese último esfuerzo (recuerda que es un esfuerzo porque cuesta mucho... pero mucho de verdad ....), ese último detalle, ... es el que dejará una sensación completamente diferente en tu público y/o en ti mismo.

Ese 5% es algo muy "de tu marca personal": hacerlo una vez está bien. Hacerlo de ver en cuando, mejor. Pero intentar hacerlo siempre, y conseguirlo, es lo que hace que tu marca personal tenga un (gran) valor.

No digo que sea fácil. Ni razonable. Pero, ¿te imaginas cómo sería todo si fuésemos la mejor versión de nosotros mismos?

lunes, 4 de agosto de 2014

Esfuerzo, sin visión, es una rutina. Visión, sin esfuerzo, una fantasía.

Hace unos años, Aquarius sorprendió con una campaña basada en el esfuerzo de un hombre con una visión. 45 segundos:



La catedral, y don Justo, están en Mejorada Del Campo (Madrid). Hace un par de meses comprobé, in situ, que es real (con esto de los anuncios, nunca se sabe ....) y que las obras, avanzan.

Impresiona verlo e imaginar las jornadas infatigables de trabajo que han llevado a levantar cada uno de los ladrillos que componen la Catedral. Mi sincera admiración por don Justo.

La reflexión es inevitable: ¿cómo es posible que un solo hombre haya levantado esa edificación? La idea, por si sola, es tan impensable .... como realizable.

Piensa en grande y, aunque no llegues al objetivo, conseguirás algo importante. Haz pequeños tus pensamientos, y como mucho, conseguirás realizaros.

La otra cara de la moneda nos habla del esfuerzo: ¿hasta cuánto estamos dispuestos a esforzarnos, para obtener lo que queremos? Es muy fácil poner excusas a nuestros fracasos, aunque todos sabemos que el fracaso, en muchas ocasiones, es la falta de nuestro compromiso real con nuestros sueños.

En el mundo de la gestión de la calidad muchas veces hablamos de falta de compromiso de la dirección, o de falta de recursos, o de ser los "patitos feos" de la Empresa ... aunque francamente, después de ver vídeos como este, lo primero que debemos de cuestionarnos es si nuestra visión de lo que queremos obtener y el esfuerzo que vamos a poner en juego para conseguirlo, es acorde con el esfuerzo que pediremos a los demás.

A Justo Gallego no le detuvo ni la falta de medios, ni de conocimientos, ni de apoyos. Hizo lo que tenía que hacer para avanzar hacia su visión.

Al final ...
Un líder no es más que alguien que sabe a dónde quiere ir, y entonces, se pone en pie y avanza hacia allí.